Julia buscaba un vestido elegante y atemporal, de esos que dentro de veinte años sigues mirando en las fotos con la misma ilusión. Natalia, de Paredero Quirós, lo hizo realidad con un diseño fluido, que juega con distintos tejidos y que, a simple vista, parece sencillo y, de cerca, está lleno de detalles. Julia cambió de patrón varias veces hasta dar con el definitivo, y el escote geométrico fue uno de sus grandes aciertos.
El detalle más emotivo fue la mantilla de Lorenzo Caprile que ya había lucido su prima en su boda: una pieza con historia a la que dio una segunda vida. Los pendientes eran una joya de familia, y a sus testigos les regaló un abanico bordado a mano, como el suyo, para que lo guardaran de recuerdo.
Para completar el look, Julia tenía clarísimo que, si algún día se casaba, quería llevar zapatos de una firma española. Eligió nuestras sandalias de terciopelo Lou 9 ámbar, un clásico que encajaba con un conjunto de pocos elementos y mucho equilibrio. Nos encanta que nos haya elegido para apoyar el diseño y la artesanía de aquí.
Julia e Iker se casaron en Fuenterrabía, en la Ermita de Guadalupe, en la costa del monte Jaizkibel, donde tuvieron una de sus primeras citas hace nueve años. La celebración fue después en el Real Golf Club de San Sebastián, rodeada de verde y con la organización de Duo Donostia. Volver al lugar donde empezó todo para casarse era, como ella misma cuenta, la forma perfecta de cerrar un círculo.
Una novia con mucho sentimiento en cada detalle, y una boda de las que se recuerdan.
Todas las fotografías son de Más que Momentos.








